Salir de las entrañas: la visibilización de la corrección y la traducción

Redacción: María del Mar Herrada Fernández

Corrección: Lucía Ortiz Castillo

Hay profesiones que trabajan donde casi nadie mira. La traducción y la corrección habitan ese espacio interior del texto donde la calidad se construye y la autoría se diluye. Entre conceptos como revisión, corrección de estilo y posedición, este artículo recorre sus fases, sus confusiones y su necesidad de reconocimiento.

Si tanto se habla de la invisibilización de quien traduce, de la ignorancia conceptual generalizada sobre la traducción y, en definitiva, de la infraestimación social de esta profesión, también podemos hablar de la corrección, no solo por su estrecha relación con la labor traductora, sino por su status similar: ambas, la corrección y la traducción, invisibilizadas e incomprendidas, operan con precariedad en las entrañas de la sociedad, y no hay mejores condiciones para aliarse que la adversidad.

La calidad en la traducción, si bien es de difícil definición, implica sin duda ―cuando así sea posible― un proceso de revisión y otro de corrección.

La revisión es bilingüe y, mediante la comparación entre el texto origen y el texto meta, tiene como objetivo asegurar que la traducción se ha realizado o ha tenido lugar en efecto. En muchas ocasiones es tarea también de quien traduce y, por ello, quien traduce debe a su vez aclararse muy bien los ojos para poder ver con unos que bien se acercarían a unos nuevos. Amamos nuestros propios errores y muchos pasan inadvertidos, expertos que son en el escondite. Trabajar en colaboración con otras personas traductoras puede ser una solución a falta de cuatro ojos, lo que es una práctica bastante habitual. Además, la norma de calidad ISO 17100:2015 exige contar con una revisión independiente, separada del proceso de traducción, a todas las empresas que aspiran a su certificación.

Después, entra en escena la corrección y ofrece varios servicios en el análisis del texto monolingüe, es decir, del texto meta. La corrección de estilo, en primer lugar, se ocupa de la gramática, la sintaxis y el léxico, puliendo el texto, eliminando impurezas y manteniendo al mismo tiempo el núcleo interno que lo caracteriza. En segundo lugar, la corrección ortotipográfica vela por el cumplimiento de las normas de ortografía y de puntuación, y dictamina y ejecuta los cambios necesarios. Por último, la corrección de pruebas viste al texto adecuadamente para su publicación, centrándose en el formato y en el soporte.

Más allá de este encadenamiento de fases, la estructura no es siempre de esta solidez y a veces se dan fases que, o bien son una mezcolanza de las mencionadas, o bien se identifican con estas mismas, pero lo hacen con otra denominación.

La posedición, tan sonada y popular recientemente por el surgimiento de la traducción automática, implica no solo una revisión de la traducción, sino que combina ―cuando de una posedición avanzada se trata y no de una básica― esa primera fase bilingüe con la corrección generalista, es decir, tanto de estilo como ortotipográfica. Así entendida, la posedición es en realidad una tarea de lo más completa e involucra conocimientos tanto de traducción como de corrección y revisión. Cuando menos, es compleja.

En otros casos, como veníamos mencionando, se nos pide algo que también tiene otro nombre, en función sobre todo del ámbito o el tipo de texto. La maraña de denominaciones permite que a veces se hable, por ejemplo, de una revisión con control de calidad (QA) cuando de textos técnicos se trata o, en el mundo del marketing y la publicidad, de un proofreading final, que se identifica básicamente con una corrección de estilo y de pruebas.

Hay casos también en los que el texto cae en las manos de no lingüistas y, como podemos imaginarnos, esto es caldo de cultivo para equívocos, desaciertos y torpezas con posibles consecuencias graves. Es la llamada «verificación final de revisión de expertos/comerciales», muy habitual en el mundo audiovisual y del marketing. Es así como la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind pasó a ¡Olvídate de mí!, perdiendo tanto de ese título original, y la campaña publicitaria de TURESPAÑA «España marca» acabó traduciéndose como «Spain marks», como si quien visitase nuestro país fuese a ser herrado con metal candente como una cabeza de ganado.

Voz de esperanza en medio de esta situación es la de Ana González Corcho, correctora, revisora y traductora: «Ser correctora es estar condenada a explicar muchas veces a qué te dedicas. Sin embargo, gracias al esfuerzo de los propios correctores y, sobre todo, de las asociaciones profesionales, parece que en los últimos años el oficio de la corrección ha dejado de ser un total desconocido».

Queda patente con esto la importancia de asociarse, buscar alianzas y luchar por la visibilización y, en última instancia, el reconocimiento de profesiones como la traducción y corrección. Es clave para que salgamos bellos e intactos de esas entrañas de la sociedad para que nos miren, para que finalmente nos admiren.

Bibliografía

García Negroni, M. M., & Estrada, A. (2006). ¿Corrector o corruptor?: saberes y competencias del corrector de estilo. Páginas de guarda: revista de lenguaje, edición y cultura escrita(1), 26-40.

González Corcho, A. (14 de abril de 2018). Los otros. La Linterna del Traductor: https://lalinternadeltraductor.org/n16/correctores-revisores.html